Soluciones para los ataques de pánico

Los ataques de pánico generan una crisis emocional en la persona que los experimenta y pueden durar hasta una hora, el momento pico se produce durante los primeros diez minutos y; una vez pasada la crisis, la persona que experimenta estos trastornos siente temor  a que esta desregulación de la ansiedad vuelva a repetirse.

Los ataques de pánico se deben a factores de base neurobiológicos y genéticos, que se desencadenan al combinarse con determinadas experiencias y acumulación de estrés, pudiendo pasar meses e incluso años entre una crisis y otra.

El estrés, tanto físico (accidentes, enfermedades) como mental (frustraciones, pérdidas, tristezas importantes) son los antecedentes más frecuentes en la aparición de la crisis de pánico. El estrés crónico estimula el sistema nervioso que enciende nuestro sistema de alarma (creado para defendernos en una emergencia real) gracias a él en una situación de emergencia podemos responder atacando o huyendo,  de la misma, con una fuerza y rapidez que eran desconocidas hasta ese momento. Cada célula de  nuestro cuerpo se prepara para defendernos de la amenaza. En las personas con ataque de pánico hay una vulnerabilidad especial en su sistema natural de alarma, que los hace generar falsas alarmas, que se encienden solas y repentinamente. Es decir que la persona responde física y psicológicamente como si estuviera en una situación de emergencia real cuando NO lo está. Reacciona como si estuviera siendo atacada cuando está sentada  en un restaurante cenando con su familia. Por eso no entienden lo que les está sucediendo y hacen dramáticas atribuciones a la situación.  Antes de situación sienten que están muy enfermos al punto que podrían morir o que se han vuelto locos.

Suele suceder que la persona no relacione la crisis con ningún factor desencadenante ya que la relación entre estos factores y el ataque no es ni inmediata ni directa. La primera crisis sucede en general cuando los cambios ya han pasado y las aguas parecen calmas.

Se estima que 1 de cada 10 personas tiene una crisis de pánico aislada a lo largo de su vida. Distintos estudios epidemiológicos indican que el porcentaje de personas afectadas oscila entre un 2 y un 5 %. Esto implica que 1 de cada 30 personas tendrían pánico, con lo que habría un millón de afectados en argentina. La edad típica de comienzo del trastorno es entre los 20 y 30 años pero se observa una tendencia a que la edad de comienzo sea cada vez  menor. Existe una prevalencia de sexo femenino, de 4 panicosos 3 son mujeres y tiende a ser un trastorno crónico de curso fluctuante.

La mejor opción para las personas que han tenido una crisis de pánico es concurrir a un terapeuta especialista en trastornos de la ansiedad, porque estas patologías mejoran ampliamente cuando son tratadas, en un tiempo relativamente breve, con técnicas específicas para estos desórdenes. En aproximadamente 6 meses la persona debe notar los beneficios del tratamiento, concretamente en la disminución de sus síntomas.  También es importante destacar que un tratamiento realizado cuando comienza el problema tiene un mejor pronóstico que si se deja pasar el tiempo, impidiendo que el trastorno se instale y cronifique, al igual que ocurre con la mayoría de las enfermedades.

Entre los múltiples tratamientos existentes para  abordar los ataques de pánico, la terapia cognitivo-comportamental combinada con una terapéutica farmacológica resulta exitosa en el 90%  de los casos.

Esta terapia  permite que las personas que padecen de ataques de pánico aprendan  a reconocer el origen de los mismos y los factores que los desencadenan. De esta manera, son capaces de hacer frente a estas crisis y pueden valerse de técnicas para modificar las conductas que los originan conectándose con sus emociones.

Si deseas saber más sobre los ataques de pánico y el tratamiento cognitivo conductual, comenta este artículo. Estaremos encantados de compartir mas información contigo.

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