Trastorno de pánico y agorafobia

El trastorno psicológico que produce miedo a salir de su hogar o lugar de «comodidad social» se lo considera  trastorno de pánico y agorafobia, y es usualmente padecida por personas entradas en la adultez. Sin embargo estudios recientes muestran que los niños y/o adolescentes pueden padecer este mismo tipo de trastorno con consecuencias diferentes y causas no tanto.

 

Aunque inicialmente el trastorno de pánico (TrPa) se consideró como un trastorno de la edad adulta, diversas investigaciones indican que los niños y adolescentes pueden padecerlo. Su prevalencia en población general adolescente es de alrededor del 1%, siendo más frecuente en mujeres, fundamentalmente a partir de los 14 años de edad. De todos los trastornos de ansiedad se considera que este es uno de los de inicio más tardío en población menor de 18 años.

Las investigaciones actuales han querido determinar si la naturaleza del pánico es diferente en niños y adolescentes y en adultos. Un punto de interés ha sido el delimitar si los niños tienen capacidad cognitiva para realizar las atribuciones catastróficas características del pánico, como los pensamientos de pérdida de control o de volverse loco. Sabemos que el modelo cognitivo del pánico propone que el TrPa resulta de una interpretación errónea de las sensaciones corporales en forma de peligro infundado.

Las interpretaciones que realizan los niños de sus síntomas somáticos varían según sea su etapa de desarrollo. Así los más pequeños piensan que sus sensaciones físicas tienen un desencadenante externo (mi corazón va deprisa porque tengo un examen), mientras que los adolescentes piensan que las sensaciones físicas se relacionan con desencadenantes internos (mi corazón late muy deprisa y estoy perdiendo el control. De esta forma, los adolescentes podrían desarrollar un TrPa debido a que ya son capaces de realizar las atribuciones catastróficas necesarias para realizar este diagnóstico.

 

En el campo de la psicología, los estudios de investigación son permanentes, y los avances sobre trastornos severos son notables, en este caso se demuestra como algunos padecimientos encasillados en ciertos límites de edad, ya no se aplican a los tiempos modernos, y la región menos estresada de la sociedad, osea la niñez, entra en los rangos de los trastornos de pánico y agorafobia que antes solo presenciaban los adultos.

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