Hay 2 tipos de persona con ansiedad... ¿cuál estás siendo?

Los ATAQUES DE PÁNICO

Un ataque de pánico no es una fuerza externa que te invada de repente, ni tampoco es tu cuerpo agrediéndote. Ya el hecho de llamarlos “ataques” conduce al cerebro a pensar así, cuando lo que sucede es muy diferente. 

Un ataque de pánico es un malentendido del sistema cuerpo mente. Es un “hasta aquí hemos llegado, haz cambios”. No es una enfermedad ni estás viviendo un trastorno.

Por eso, un ataque de pánico no se cura, no se trata. Se ve y se comprende, como un truco de magia. 

En un episodio de pánico, los síntomas pueden percibirse como aterradores, por intensos e inesperados. Pero no representan la gravedad que parece. Te pueden impresionar, creando una ilusión de gravedad, una ilusión de ataque. 

La realidad es que te está indicando que llevas un tiempo perdido – perdida en el pensar. Es un mal uso inocente y una falta de comprensión del poder del pensamiento. Eso es lo único que tenemos que “curar”. Aumentar tu conciencia mental y corporal, desde comprensiones calmantes. 

Una de las cosas que más asustan de los ataques de pánico es que parece provenir de la nada. Estás viendo la televisión, o estás en el partido de fútbol y surge un estado que capta toda tu atención. Tu cuerpo ha creado una respuesta química que te está ayudando a ver que te estabas perdiendo en una realidad paralela, repleta de películas de miedo. 

Parece que llega de la nada, pero lo más probable es que la persona lleve días preocupándose, exigiéndose… 

El otro día me decía una cliente que había tenido una crisis el último día de sus vacaciones de verano. “De repente y de la nada”. Al indagar, me contaba que llevaba una semana con su familia política, sin poner límites, sin custodiar sus fronteras de espacio y energía, agobiada por la presión del grupo. Sintiendo que estaba donde no quería estar. Osea que no, no aparece de la nada. En ese momento estaba tranquila, en una terraza, pero llevaba días acumulando. 

Sentada en la terraza, recordó conversaciones y se preguntaba qué habrían pensado de ella, parloteando sobre supuestos desprecios y rechazos. Y ¡pam! Su cerebro dijo “hasta aquí”, y comenzó a segregar noradrenalina y demás sustancias para despertarla del trance. 

Entonces, el pánico llega cuando se activa un mecanismo que cambia la química del cuerpo, empieza a segregar entre otras, noradrenalina, que aumenta automáticamente la frecuencia cardíaca y respiratoria. Uno siente naúseas, aturdimiento, aceleración, sensación de estar perdiendo el control… Es decir, se genera toda una reacción de emergencia que prepara a la mente y al organismo para una reacción inmediata. 

¿Qué tienes que hacer si te sucede?

Nada. Sólo ver más allá del truco. 

Si uno no hace nada, si no lucha y no se asusta, si no se resiste a la experiencia, sólo necesita unos momentos para equilibrarse. 

La noradrenalina, por ejemplo, tiene una vida media de 60 segundos. En 60 segundos, si uno no hace nada, se queda ahí simplemente esperando que pase, ha bajado a la mitad. A los 2 minutos, el 50% se ha ido. A los 3 minutos, el 87%, a los 4 minutos, el 94%, a los 5 minutos el 99% de la noradrenalina ha perdido su presencia. Eso sucede cuando uno no se deja impresionar por lo que está pasando. 

Por eso, te recomiendo que en esos momentos no recurras a un tipo de respiración que hayas leído, ni que hagas nada especial que te requiera un esfuerzo. Porque eso aumenta la tensión. Sólo te pido, que aunque te impresione por momentos, recuerdes que estás a salvo. Es muy desagradable, lo sé. Si lo dejas estar, sin darle el alimento de la tensión, la lucha y la resistencia, que mantiene activados los síntomas, en muy poco tiempo, cede. 

No busques el control. El intento de control sobre el comportamiento fisiológico y sus reacciones retro-alimenta la sensación de amenaza y por tanto los síntomas que quieres controlar

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Párate y concéntrate en recordar que es como un truco de magia. El cuerpo ha cambiado su química para darte feedback de tu forma de manejar la realidad. Te pido que conectes con la confianza, y que te des permiso para experimentar. 

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