Diagnóstico de ansiedad

La ansiedad es una respuesta generalizada del organismo cuando éste percibe un peligro imaginario. Aparecen ideas en la mente que, en ese momento, uno no reconoce como simples pensamientos e inmediatamente el cuerpo reacciona, generando las mismas sensaciones que le ayudarían a luchar o huir (tensión, alerta, aceleración, ganas de escapar…) si fuera necesario. Como no hay nada real ante lo que luchar o huir, la energía generada no se libera y se mantienen la tensión y la sensación de amenaza. 

La ansiedad siempre funciona por los mismos principios. La diferencia es que se manifiesta de distintas maneras, según tu tipo de personalidad, tu entorno y tus experiencias. Se repiten unos patrones, en forma de pensamientos, sensaciones y comportamientos, que nos llevan a un diagnóstico de ansiedad u otro.

El diagnóstico es, como dice el psiquiatra Dr. Pettit, un “punto de partida”. Dar un diagnóstico o etiqueta nos permite comprender la experiencia que estás viviendo, y que otras muchas personas han vivido, para poder gestionarla con las herramientas adecuadas. Los diagnósticos tratan de resumir y englobar patrones habituales que como humanos podemos desarrollar cuando estamos en desequilibrio. Eso nos ayuda, si sabemos de qué manera usarlo y no usarlo.

Cómo usarlo:

  • Como un punto de partida para comprender lo que estás experimentando.
  • Como una guía útil o mapa que refleja unos patrones aprendidos.

Cómo no usarlo:

  • Como una etiqueta que te define.
  • Como algo fijo que tiende a la cronicidad.
  • Como un sinónimo de enfermedad o patología.

El diagnóstico no te define como persona ni te dice quién eres. Decirte “soy” ansioso, obsesivo, fóbico o “tengo un trastorno”, creyendo que ERES tus síntomas mentales y físicos, fortalece los mecanismos de ansiedad. En lo que centras tu atención, incrementa en tu experiencia. Por eso, si te etiquetas como «una persona ansiosa» tu cerebro busca maneras de darte la razón y mantenerte en ese estado.

Además, recibir un diagnóstico que no sea preciso, por alguien que no sea profesional de la psicología o de la psiquiatría, puede llevarte a buscar un tratamiento inadecuado. He encontrado muchos clientes que llegan con un diagnóstico equivocado o mal orientado. Eso les puede generar mucho malestar y sufrimiento. Puede hacerte sacar conclusiones confusas sobre ti y sobre tu capacidad de recuperación.

Por otro lado, la palabra «trastorno» puede percibirse como enfermedad , patología o locura. Por eso suelo cambiar «trastorno mental» por «malentendido mental». Experimentar un «malentendido de ansiedad» significa sentir ansiedad en situaciones en las que no es útil, e interpretar ese estado como algo que no es.

Por eso es importante que la persona que te diagnostique y te trate sea un profesional formado en psicología (puede ser psicólogo o psiquiatra con formación en psicología). Si no, corres el riesgo de empeorar. El profesional tiene que conocer a fondo cómo funciona la ansiedad, pero también tiene que dominar otros temas de personalidad, traumas y medicina.

Los psicólogos usamos dos grandes sistemas de clasificación:

La Clasificación Estadística Internacional de las Enfermedades y Problemas de Salud, CIE-10, (10 porque es la 10ª edición), diseñada por la OMS (la Organización Mundial de la Salud),

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-V, de la Asociación Americana de Psiquiatría (va por la 5ª edición, que es muy reciente).

Las nuevas actualizaciones se deben a la investigación permanente en la psicología y psiquiatría. Pero también a intereses comerciales, por lo que conviene saber cómo enfocarlo.

Estos manuales están hechos para la clasificación de trastornos mentales y no de personas. Por eso, no siempre encajamos en un diagnóstico o incluso podemos identificarnos con más de uno, sin que eso signifique que estemos peor.

Insisto en que estos manuales deben ser utilizados por personas con experiencia y juicio clínico, que tengan conocimientos profesionales, actualizados y responsabilidad ética.

Recuerda no etiquetarte y no tomar esta información como la verdad absoluta. Si quieres recibir un diagnóstico profesional para elegir mejor tu tratamiento, siempre hazlo con un psicólogo o psiquiatra con experiencia clínica.

 
 

Trastorno de Pánico

¿Vives momentos de intensa angustia y pánico que se repiten?

Tuviste uno o más crisis intensas de ansiedad, en las que sentiste que ibas a tener un ataque al corazón, te ibas a desmayar o a perder el control.  Desde entonces, temes volver a vivirlas. Te fijas mucho en tus síntomas físicos y en tus pensamientos. Temes que la ansiedad te haga volver a llevar a ese punto de desbordamiento.

Agorafobia

¿Temes salir de tu «zona segura» y perder el control, desmayarte o sentir pánico?

Temes salir de la zona en la que sientes seguridad. Si te alejas de esa zona, temes perder el control, desmayarte, tener un ataque de pánico, o un ataque al corazón, sin que puedas escapar y sin que nadie te pueda ayudar. Por eso, evitas cada vez más situaciones y lugares, y prefieres quedarte en casa.

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

¿Tienes excesiva preocupación mental y tensión física?

Te preocupas por muchos temas diferentes. Cada día es un nuevo reto, en el que surgen muchas situaciones que tú percibes como problemas. Das vueltas a las cosas, te gusta tener todo controlado. Acabas el día con cansancio y tensión por tener tantos temas de los que preocuparte.

Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC)

¿Necesitas hacer rituales repetitivos (físicos o mentales) para calmar tu ansiedad?

Tienes pensamientos negativos que irrumpen en tu cabeza y que te cuesta eliminar. Esa sensación de no poder controlar lo que piensas te crea mucha ansiedad. Además creas rituales para intentar calmarte, que acaban siendo compulsiones también difíciles de controlar. Estas obsesiones y compulsiones te quitan mucho tiempo y energía.

Fobia Social

¿Evitas con frecuencia situaciones sociales por miedo?

Tienes ansiedad en situaciones sociales, hasta en las más cotidianas. Te da miedo hacer el ridículo, que ser rían de ti o que piensen que eres tonto o torpe. Prefieres evitar este tipo de situaciones, te gustaría poder vivirlas con más calma, seguridad y confianza.

Fobia Específica

¿Sientes miedo en ascensores, alturas, aviones o delante de objetos o animales?

Tienes ansiedad ante algo específico, una situación u objeto. Pueden ser las alturas, viajar en avión, las inyecciones, las ratas, etc. Evitas acercarte a esas situaciones y objetos, y si tienes que hacerlo, es a costa de un malestar intenso.

Estrés Postraumático

¿Viviste una experiencia con alto impacto emocional y ahora tienes flashbacks, pesadillas y la sensación de que se repite?

Viviste una experiencia traumática que te dejó muy impactado. Desde entonces, tienes síntomas de ansiedad relacionados con la experiencia: la revives, tienes pesadillas, tienes la sensación de que se repite… Te encuentras diferente a antes de haberla vivido, como si fueras más débil o vulnerable.