Hay 2 tipos de persona con ansiedad... ¿cuál estás siendo?

La ANSIEDAD SOCIAL y sus malentendidos

Ayer atendía a un chico con ansiedad social. Hace un año vivió un episodio en el que se sintió rechazado y avergonzado delante de un grupo de personas en una discoteca. 

Estuvo obsesionado durante meses con ello, dándole vueltas y vueltas, teniendo pesadillas… Sentía miedo de volver a sentirse así, por lo que empezó a evitar potenciales amenazas, como salir de fiesta o estar con personas desconocidas. ¿Te das cuenta?

Uno sufre por algo que vive y su cabeza se las ingenia para evitar que se repita el daño a toda costa, por lo que crea un “sistema de defensa” que se manifiesta a través de la ansiedad. El problema es que con ese sistema de defensa, él se sentía cada vez más asustado y limitado. 

Entonces, leyó técnicas para cambiar sus pensamientos. Estaba en casa y conseguía calmarse ante los recuerdos de aquella escena. Se decía que podía superarlo. Se decía que esos chicos eran idiotas y que él no, etcetera. 

Pero cuando estaba reunido con sus amigos, seguía emergiendo un estado de incomodidad que le hacía querer escapar. No se concentraba en las conversaciones, venían pensamientos de “no puedo más. me voy, me lo están notando, van a pensar que soy tonto, que soy un perdedor…” Se concentraba en tratar de cambiar esos pensamientos. ¿El problema? Se desconectaba aún más de la charla de sus amigos, centraba toda su atención en las sensaciones, cada vez más perdido en su pensar, y concluía que era imposible estar tranquilo. 

Volvía a casa frustrado y seguía leyendo técnicas como “Encontrar Pruebas de realidad”. El libro le preguntaba “¿En qué pruebas te basas para pensar que se van reír de ti?” 

Si nunca se han reído de ti, bien, pero precisamente él ya lo había vivido, había sufrido y su organismo quería evitarlo a toda costa. 

Con todo ello, alternaba entre momentos pasajeros de claridad y momentos de angustia extrema. 

Estaba cayendo en la dependencia del pensamiento. Creía que superar las situaciones sociales significaba que no aparecieran pensamientos negativos ni sensaciones de incomodidad. Si volvía a estar con amigos, o en clase, y aparecían frases como “soy tonto”, “me están mirando mal”, “quiero desaparecer”, comenzaba la lucha interna. “No soy tonto, soy listo, si me miran así puede ser porque tiene un mal día, quiero quedarme aquí, yo soy capaz, yo soy capaz”. Cuando le hablaban no podía decir “Un momento, por favor, déjame concentrarme en pensar qué me está pasando”…

Desde ese estado de nerviosismo o bien no se creía absolutamente nada de su forzado discurso positivo o acababa cada vez más desconectado de lo de fuera y más conectado al bucle mental. Se daba por vencido.  

Finalmente acabó aprendiendo cómo su seguridad social no dependía de evitar tener pensamientos negativos. Se trata de aprender que esos pensamientos vienen filtrados por el miedo y no entrar en ellos, no discutirlos. 

Cuando empezó a no sólo no rechazarlos y querer evitarlos, sino a contar con ellos, porque sabía que una parte de su cerebro estaba detectando, confundido, una amenaza, la lucha cesó. 

Cuando aceptas esas emociones y pensamientos que van apareciendo porque te estás acercando a esa supuesta amenaza, porque hay un conflicto entre tus sistemas de aproximación y defensa que te incomoda momentáneamente, abandonas la lucha contra los pensamientos y sensaciones, dejas de necesitar pensar en positivo, dejas de buscar más estrategias de control. porque no es control lo que necesitas.

Puedes sentirte con más seguridad, aun presenciando esos pensamientos negativos. No necesitas sentir X o pensar Y para conectar con el coraje.  

Aprendes a no hacer caso a lo que dice tu cabeza, confías en que está en modo confuso, sin entrar en un debate interno que no vas a ganar desde ahí. Diferencias lo que hace tu cabeza de lo que ES. Tu bienestar deja de estar condicionado a presenciar o no pensamientos negativos

Si sigues temiendo experimentar una situación social, no te exijas experimentarla con calma absoluta al principio. Si tu cerebro cree que está en arenas movedizas, no quieras que funcione, por ahora, como en tierra firme. Tu organismo, confundido y asustado, quiere mantenerte con ansiedad, creyendo que así te protege. Déjalo estar, sabiendo que es una ilusión momentánea. Y así es como bajará la intensidad y le darás el mensaje de que puede confiar.

Hay 2 tipos de persona con ansiedad... ¿cuál estás siendo?