Hay 2 tipos de persona con ansiedad... ¿cuál estás siendo?

Mi primer ATAQUE DE PÁNICO

Hoy te cuento cómo fue mi primer Ataque de Pánico

Era uno de mis primeros trabajos formales. 

Primera reunión en la que tenía que liderar a un grupo de personas que me doblaban la edad. 

Podíamos decir que estaba un poco nerviosa, pero contaba con ello, para mí no significaba que mi desempeño iba a ser dramáticamente peor. 

Todo iba fluyendo. Hasta que entró por sorpresa mi jefa. 

Automáticamente sentí que iba a ser evaluada con más exigencia que por el público. Pero bien, de nuevo, conté con que mi estado enchufara un poco más de activación. 

Acto seguido, un hombre del grupo me hizo una pregunta compleja.

En lugar de darme tiempo para pensar, o para decir tranquilamente que no conocía la respuesta, animándole a que me ayudaran entre todos a dar con ella (tal y como haría ahora con naturalidad), me exigí dar la respuesta perfecta. 

Sentía los ojos de mi jefa clavados en mí. 

Y me empecé a marear. 

Mis palabras, titubeantes, retumbaban en mi cabeza y se mezclaban con pensamientos de “se me está yendo de las manos”. 

Estaba borracha de químicos que me impedían continuar. 

Empecé a ver todo negro y a perder la conciencia. 

Segundos antes de que eso sucediera, me senté, sonreí y dije “tenía que haber comido”. Para que pensaran que me había mareado por un bajón de azúcar. Quien sabe si lo fue. 

El caso es que me dejé un poco en paz, empezaron a hablar entre ellos, alguno se acercaba a la mesa a ofrecerme agua y frutos secos. Yo seguía sonriendo como podía. 

A ver, sí, esto fue ansiedad en toda regla. 

Pero lo sabía, lo aceptaba y me dije “es lo que hay”. 

El problema que muchas veces convierte episodios naturales y humanos en trastornos de pánico y ansiedad, es todo lo que sucede después. 

No me juzgué, no me critiqué, no comencé a indagar qué me había pasado, me acepté y confié en que era un episodio aislado. Podía haber hecho todo lo contrario, pero desdramaticé, le quité hierro al asunto.   

No digo que yo lo haga mejor que otros, sino que sabiendo lo que era, y conociendo ya entonces cómo funciona toda esta historia, lo pude dejar en un capítulo incómodo. De pequeña me desmayaba cada dos por tres y el médico me diagnóstico “fugas histéricas”, por lo que ya tenía un trabajo hecho. Recuerdo perfectamente un día en el que mis primas me estaban presionando para quedarme a dormir en su casa y yo no quería. Insistían y insistían, contra-argumentando las razones que yo les daba, y llegó un momento que pum, desmayo. Mi madre me explicó tranquila que me había pasado porque me estaba sintiendo presionada. La ansiedad y el pánico tienen que ver mucho con eso, estar donde no quieres estar.

Mi hermano en cambio, tuvo una experiencia distinta, tras un ataque de pánico escuchando música en su cuarto. Al no saber lo que estaba viviendo, se obsesionó con lo que había pasado. 

¿QUÉ ACABA DE PASAR?

Ahí comenzó el drama. 

Pensando que iba a volverse loco, porque eso era de locos, pensando que era débil porque eso es de débiles. 

No se lo contaba a nadie, ¡qué iban a pensar de él! Tenía que ser su secreto. 

Uno de los errores que tuvo que aprender con el tiempo. 

Quizás llevas tiempo viviendo con esto, y ya no puedas cambiar tu proceso, siempre puedes seguir profundizando tu comprensión de la ansiedad y además de todo lo que se va generando alrededor de ello. 

Hay 2 tipos de persona con ansiedad... ¿cuál estás siendo?