Problemas y ventajas de la Terapia Cognitivo-Conductual para la ansiedad

Quiero darte una idea clara y sencilla de lo que puedes encontrar si acudes a un terapeuta con enfoque cognitivo-conductual para tratar la ansiedad. Te voy a mostrar sus ventajas y sus desventajas.

La terapia cognitivo-conductal para la ansiedad(TCC) es uno de los tratamientos que más eficacia ha demostrado.

De hecho, las principales guías de práctica clínica basadas en evidencia científica, como la del National Institute for Health and Clinical Excellence, la recomiendan como tratamiento de primera elección en los trastornos de ansiedad.

De todas maneras, a muchas persona no les acaba de funcinar. Eso se debe a que tiene algunas limitaciones.

¿Sus ventajas?

Es práctica, dinámica y está orientada al presente y al futuro.

Práctica, porque ofrece muchas técnicas que te ayudan a entender lo que estás viviendo y a buscar soluciones a los problemas. Está centrada en el “qué hacer para cambiar”.

Dinámica, porque se propone que terapeuta y paciente sean un equipo. La persona se implica en investigar qué le pasa y cómo cambiarlo.

Orientada al presente y al futuro, porque el objetivo es cambiar algunos patrones de pensamiento y conducta, no sólo entender por qué se han originado en el pasado.

La terapia cognitivo-conductual para la ansiedad se basa en dos ideas principales:

 “Sentimos según pensamos”

Ante una misma situación, una persona puede sentir ansiedad o calma.

Esa reacción depende de qué pensamientos automáticos haya tenido.

Por ejemplo, si piensas que la situación es una amenaza y que te va a hacer sufrir, sentirás ansiedad. Si piensas que es algo que se puede resolver con facilidad, sentirás calma.

En la TCC es importante que la persona entienda que la interpretación de las situaciones es la que nos hace sentir unas emociones u otras. Si cambias la interpretación, tus emociones cambiarán, y podrás actuar a tu favor.

«Actuamos según las consecuencias que obtenemos»

Tenemos más probabilidades de repetir los comportamientos que conllevan consecuencias positivas y menos probabilidades de repetir los que conllevan consecuencias negativas.

Se hace un análisis detallado de diferentes situaciones en las que la persona tiene ansiedad.

El terapeuta te suele pedir que registres tus respuestas:

  • ¿Qué pensaste en esa situación?
  • ¿Qué sentiste?
  • ¿Qué hiciste?
  • ¿Qué consecuencias obtuviste?

Por ejemplo, si una persona sintió ansiedad porque tenía que ir al médico, el registro sería:

  • Pensé: “Me va a decir que tengo una enfermedad mortal”, “me va a dejar ingresado”.
  • Sentí miedo, angustia y vergüenza.
  • Anulé la cita.
  • Me tranquilicé, sentí alivio, y me quedé en casa sin ganas de hacer nada. 

En ese caso, como la consecuencia tuvo su parte positiva (alivio), es más probable que la persona vuelva a anular la cita del médico.

Se suelen definir una serie de objetivos al inicio de la terapia, que pueden ir reformulándose. La idea es que la persona aprenda a cambiar sus hábitos negativos, y se convierta así en su propio terapeuta.

Pero, ¿qué hay de las desventajas de la terapia cognitivo-conductual para la ansiedad? ¿por qué hay a gente que no le funciona?

Cuando tienes mucha ansiedad, pararte a analizar qué haces y por qué (y, más aún, escribirlo), puede ser casi imposible. Es como si este tipo de terapia sólo funcionara con pacientes muy motivados. Y cuando tenemos ansiedad, no siempre es fácil estarlo.

Los terapeutas cognitivo-conductuales suelen insistir mucho en que escribas los registros (situación-pensamiento-emoción-conducta-consecuencia), en un cuaderno, casi a diario.

Cuando sientes que no tienes fuerza ni capacidad de concentración suficiente para hacerlo, puedes frustrarte y sentir más ansiedad.

Además, parece que se centran demasiado en los pensamientos: cambiarlos, transformarlos, analizarlos, eliminarlos, controlarlos… No siempre hay que abordar el pensamiento directamente para cambiar nuestra forma de sentir. Muchas veces eso empeora el problema.

La terapia cognitivo-conductual para la ansiedad puede centrarse demasiado en la estructura y en lo mental, dejando de lado lo emocional y existencial.

Si simplemente exploras y conectas con tus emociones, puedes sentirte automáticamente mejor, sin necesidad de darle vueltas a los pensamientos. No hay que razonar todo para poder cambiarlo.

Otra de las limitaciones es que no se le suele dar mucha importancia al inconsciente y al pasado. Muchos de los síntomas de ansiedad surgen por conflictos de los que no somos conscientes y hay que recurrir a otro tipo de técnicas para poder llegar a ellos.

En conclusión, yo creo que más importante que elegir un tipo de terapia para la ansiedad, es centrarte encontrar a un buen terapeuta. Un profesional flexible y abierto a otras perspectivas. Que domine la terapia cognitivo-conductual para la ansiedad, pero que conozca otras formas de tratarla.

El terapeuta tiene que adaptarse a ti y a lo que necesitas para eliminar la ansiedad y no ceñirse a un conjunto de ideas y técnicas.

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