Hay 2 tipos de persona con ansiedad... ¿cuál estás siendo?

Síndrome de BURNOUT

Mujer joven con el SÍndome de Burnout

Muchas personas me llegan al estar experimentando lo que llamamos el síndrome de burnout, síndrome de estar quemado, de desgaste profesional, sobrecarga emocional, o de fatiga en el trabajo. 

Es el estado de agotamiento mental, físico y emocional, producido por involucrarse de forma crónica en el trabajo. 

Uno siente desánimo, desilusión, deja de sentirse conectado con su vocación, como si se hubiese desgastado hasta quedar exhausto por las excesivas exigencias de energía, esfuerzo o recursos. 

Tiene somatizaciones, como dolores de estómago, resfriados que no se curan, disminución de la resistencia inmunológica, facilidad para enfadarse, estar irritable…

Hay trabajos que están diseñados para generar un síndorme de burnout hasta para la persona más fuerte y entregada.

Actualmente lo estamos viendo en la gestión de la pandemia, sobretodo en el personal sanitario. Tienen que enfrentarse a horarios eternos, a tareas para las que no han sido adecuadamente entrenados, con cambios rápidos y frecuentes en los protocolos de actuación, teniendo que tomar decisiones importantes sin datos suficientes, sin sensación de control, con muchas interferencias burocráticas… 

Muchos me cuentan, preocupados, que se han “deshumanizado”, que no tiene interés y empatía hacia los pacientes, como si estuvieran desconectados emocionalmente. Me contaba una enfermera cómo estaba cogiendo manía a sus pacientes, no les estaba tratando con amabilidad como siempre, “hasta les odio”, me decía. Una mujer que es muy vocacional y le encantaba su trabajo. 

Además les cuesta concentrarse, tienen fallos de memoria, lo que empeora el problema, al estresarse más. Al verse en este estado, se sienten culpables y más exhaustos aún. 

PERO, no todo el estrés se origina en lo de fuera. Como decimos, hay trabajos con una sobrecarga objetiva… y hay personas que se sobrecargan por cómo gestionan su energía cuerpo-mente y su forma de enfocarse. Estoy harta de ver personas que alardean de sus pocas horas de sueño, de su entrega desmedida al trabajo, como si eso les hiciera mejores profesionales, cuando lo que están es comprando todas las papeletas para provocarse un síndrome de estrés que será contraproducente a medio-largo plazo. 

Recuerdo cuando trabajaba en el hospital. Veía 14 pacientes diarios. Acabé quemada, llegaba a casa y me desmayaba de cansancio, tenía dolores de estómago y continuos resfriados tontos, como nunca antes en mi vida. A pesar de que me gustaba el trabajo, el equipo y aprendí mucho, terminé dejándolo por este agotamiento del que te hablo. 

Pero no culpé al trabajo, a mis jefes o a los pacientes. La sobrecarga la fui generando yo solita. Horas extra que nadie me exigía, dedicación a cada caso más allá de mi responsabilidad, y otras exigencias, que ya te contaré en otra ocasión… un psiquiatra con el que compartía casos me dijo una vez, Rocío, quítale intensidad que esto es una carrera de fondo. 

Esto lo veo continuamente. Como te digo, tenemos dos escenarios: un trabajo con condiciones que ponen a prueba los límites del sistema cuerpo-mente de cualquiera, o un trabajo al que uno añade la presión por cómo lo está enfocando e integrando en su vida. 

En ese caso, es importante que lo tomes como una llamada la transformación, un oportunidad para despertar y desarrollar fronteras fuertes y flexibles, para crear rutinas diarias de renovación y recuperación en los que custodias tu energía, para comprender y ver en vivo y en directo cómo tu cabeza genera problemas donde no los hay… también es una llamada para replantear qué papel juega el trabajo en tu vida, si te entregas demasiado o le das demasiado peso, por qué haces eso, puede ser por inseguridad, por no alimentar otras áreas de tu vida…

Wulf Rosler, profesor de psiquiatría de la universidad de Zurich, describe lo que llama Síntomas premonitorios para desarrollar el síndrome de burnout: excesivo compromiso con los objetivos, sensación de falta de tiempo, negación de las propias necesidades como no tomar descansos, no pedir ayuda, no delegar, negación de los fallos, limitación de los contactos sociales… y todo esto lo puede aprender a gestionar uno. 

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En estos tiempos que corren es fácil echar balones fuera, culpar a lo de fuera, pero cuando uno está dispuesto a indagar por qué llega a donde llega, qué le están contando todos esos síntomas, conecta con su poder y responsabilidad para cambiar las cosas. 

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