Trastornos del sueño, un factor para la ansiedad

Dormir bien no sólo es una de las cosas que más se disfrutan, sino que también resulta ser indispensable para que el cuerpo se regenere, sobre todo la mente, pues es precisamente durante el sueño cuando el organismo se recupera del desgaste habitual y el estrés al que se siente sometido, además de que se prepara químicamente para la siguiente energía

Una persona que duerme poco, además de tener marcadas ojeras, se siente mucho más tensa y es vulnerable a sufrir depresión u otros trastornos emocionales como la ansiedad, ya que su cerebro experimenta un desequilibrio en los químicos.

Los trastornos del sueño se presentan por diferentes causas, pero siempre sobresale el aspecto emotivo como estar bajo mucha presión o después de vivir una experiencia traumática.

La simple idea de tener que dormir se puede convertir en una obsesión que provoca ansiedad. Muchas personas dan vueltas en la cama esperando a que llegue el sueño y pese a que su cuerpo está cansado no consiguen relajarse, es por ello que al día siguiente amanecen sin fuerzas e irritables.

El descanso es primordial para la recuperación en general, por ello los médicos siempre recomiendan reposo.

El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente y aparece cuando nos encontramos bajo mucha tensión, es por ello que no sentimos nerviosos y con ansiedad, pues el cuerpo busca expresar de cualquier forma su cansancio.

Los especialistas recomiendan que para poder conciliar el sueño y evitar estos ataques de ansiedad y repentinos cambios de humor, se puede recurrir a una infusión de plantas, cuyas propiedades terapéuticas ayuden a dormir, además de ser relajantes.

El uso de medicamentos para poder descansar es muy riesgoso, pues existe la posibilidad de desarrollar una dependencia física a los fármacos, mientras que los ejercicios de respiración, combinados con tés naturales son mucho más efectivos.

La ansiedad, producto del no descanso o el poco sueño, puede ser evitada si aprendemos a relajarnos y dejar los problemas aparte, pues la tensión sólo provoca desgaste y no ayuda en nada a sentirnos mejor.

Dormir en promedio ocho horas es indispensable, pues es el tiempo justo que tiene el cuerpo para recuperarse física y emocionalmente de una jornada habitual.

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